Como mencioné anteriormente, el cuarto grado lo hice parte en Aguilares y parte en Cojutepeque, pues nos fuimos para esa ciudad con mi familia donde la finca de Tía Noemy, hermana de mi padre, ella recién había enviudado en el año 71 y supuestamente mi padre le ayudaría a sacar adelante los negocios. Recuerdo que fue una experiencia bonita el vivir en el campo, vivíamos en el cantón San Jerónimo 3 kilómetros antes para ese entonces de la villa de Aguilares.
Con Tía Noemy tuve una conexión inmediata desde niño, yo necesitaba la figura materna y ella necesitaba algo para entretenerse y sobrellevar su pena, pero no fue hasta 2 años después de este encuentro que tuve la oportunidad de vivir un año completo con ella en la finca de Aguilares, el mejor año de mi vida. Prácticamente de este año no guardo mayores recuerdos, nada más que tuvimos que salir de la finca por no sé qué malentendido entre mis padres y tía Noemy.
Cuando regresamos a Cojutepeque volvimos a la rutina, me aceptaron a medio año en la escuela Galindo Polh, en este año sucedieron varias cosas que quedaron grabados en mi recuerdo: la falta de pedagogía de mi profesora Berta que sabiendo que yo era tartamudo, no creía que yo ya me sabia las capitales del mundo, cuando me las preguntaba me traicionaban los nervios y no podía pronunciar palabra alguna, yo le pedía que si se las escribía en la pizarra pero ella insistía que se las dijera oralmente. Al final pude decirlas pero con un gran esfuerzo, valga aclarar que no solo me podía las de América si no las de todo el mundo pero no podía hablar en público…me turbaba cuando tenía que hablar ante mis compañeros. También paso un hecho bastante curioso, la escuela Reynaldo Galindo Polh atendía mayormente a niños de escasos recursos económicos pues como dije anteriormente la clase privilegiada de Cojutepeque enviaba a sus hijos a las escuelas parroquiales que eran la Parroquial San Sebastián y La Luis Pastor Argueta; por esta razón se veían bastantes carencias en los estudiantes que asistíamos, en una ocasión observe que la mayoría de niños no tenía ni siquiera lápices para escribir por lo que cuando me enviaron a hacer limpieza a la bodega de la escuela, decidí robarme dos cajas de lápices con el leyenda de “Propiedad el Gobierno de El Salvador” y la repartí entre los niños de mi grado.
Se armo un escándalo, en casa y en la escuela, fui acusado de ladrón, mandaron llamar a mis padres, nadie supo enfrentar este acto inocente con la madurez que se necesitaba, menos mal que los maestros en esa época se suponía que eran normalistas, considero que tuvieron que haber actuado de otra manera para evitar dejar secuelas en mi persona, pero menos mal que yo era muy tímido pero poseía un carácter fuerte en mi interior. Yo estaba seguro que lo que había hecho no tenía nada de malo, era lo correcto y lo lógico, ¿porque habían tantas cajas de lápices en una bodega y afuera los niños no tenían con que escribir? me justificaba en mi inocencia.
También en este año tuve la segunda visita de mi madre biológica, cada vez que se aparecía por Cojutepeque para mí era , motivo de problemas, no entiendo aún porque tenía que ser así, si era mi madre y tenía todo el derecho de verme cuando ella quisiera.
Todas estas situaciones provocaban en mi muchos temores, vivía constantemente atemorizado por lo que dirían cuando se enteraran que había visto a mi madre, era una alegría para mí pero al mismo tiempo era motivo de miedos por lo que vendría después.
Como era de esperarse para el quinto grado no me dieron matricula en la escuela Galindo Polh, ya que tenia la mancha de haber robado en la bodega de la escuela, por lo que volví a la Parroquial San Sebastián, con mi currículo enriquecido con este hecho, lo cual aumento aun mas mi reputación en la escuela. Parece curioso pero al menos el personal administrativo de esta escuela se portaba bien conmigo, quizá por ser una escuela adscrita a una parroquia tenían algo de tolerancia hacia niños problemáticos como lo era yo. En este año taleguié al resto de compañeros que se me quedaron en 3 grado!!
Como siempre asistíamos a la escuela mañana y tarde, eso me ayudaba a no pasar tanto tiempo en casa, los sábados nos daban catequesis para la primera comunión, no recuerdo cuando la hice pero sé que realice este sacramento, lo que pasa es no quedo ninguna prueba de este hecho. Recuerdo que solía pararme al lado de unos monaguillos de madera que tienen en sus manos una alcancía, que aún existen en las iglesias, porque era increíble el parecido que tenia con ellos. Pasaba parado al lado de la estatua y la gente sonreía al verme
Tomado de
“Mis Memorias”
Jesús Henríquez S.
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