La segunda oportunidad que tuve de conocer la ciudad de Aguilares en el departamento de San Salvador, fue en el año de mil novecientos setenta y cuatro, apenas con trece años de edad iba a ser testigo del nacimiento de un movimiento insurreccional en mi país, cuya cuna fue precisamente la ciudad de Aguilares. Esta ciudad ubicada a 33 Km de San Salvador, desde tiempos remotos es una ciudad de comercio, aún a la fecha, existe el pensamiento que si un comerciante quiere prosperar debe estar en la plaza de Aguilares, después solo es cuestión de tiempo para ver los resultados. Vivía con Tía Noemí en el cantón San Jerónimo, en el Km 30, en una finca de trece manzanas cultivadas en su mayoría de caña, de ahí salía todas las mediodías a la Escuela Modesto Barrios de Aguilares donde cursaba el 6to. Grado, está ubicada esquina opuesta a la Gasolinera Texaco que en esa época pertenecía a Tía Noemí, por tal razón no me dificultaba cuando tenía hambre en mis tardes de estudiante, pedirle alguna merienda desde el patio de la Escuela.
El Salvador vivía para la época sumido en una tensión de justicia social, ya se había olvidado el nacionalismo de la guerra de las cien horas con Honduras en 1969, que logró que toda la atención de los problemas nacionales se volcara hacia el problema limítrofe con la hermana república. Ya existían algunas organizaciones sindicales que luchaban por sus reivindicaciones laborales, se empezaba a engendrar el movimiento revolucionario que nos llevó a la guerra fratricida de doce años que nos toco vivir. Se respiraba en el aire, recuerdo que en cierta ocasión asistí a la escuela con una pelota de football de cuero, de las que vendían en el mercado Ex cuartel, mis compañeros prácticamente me la quitaron y la estrellaron contra los alambrados para pincharla, casi todos mis compañeros tenían que trabajar y estudiar, les habían envenenado el alma con pensamientos de la teoría de la liberación y esas bobadas de moda en los 70´s. Si bien es cierto que existían muchas injusticias sociales en la época, nunca estuve de acuerdo que la manera de cambiar la sociedad era por la fuerza, pronto me di cuenta que estaba en el lugar y momento equivocado.
Sin embargo la vida transcurría con cierta normalidad en la entonces Villa de Aguilares, había bastante movimiento comercial, en la zona existían 2 ingenios que generaban empleo a la mayoría de los habitantes, el Ingenio La Cabaña cuyos propietarios la Familia De Sola, proporcionaba casas de habitación y prestaciones adicionales a la ley a sus colonos; el otro Ingenio San Francisco cuyo dueño era un inmigrante alemán Kurt Nottebohm (QDDG) también era mencionado por su don de gente para tratar a sus empleados. Los abusos quizá se daban en otros sectores del engranaje económico, como en el cultivo del café, caña de azúcar etc. Considero ahora que soy empresario que en esa época era muy lucrativo dedicarse a cualquier actividad comercial y dar lo que correspondía al sector laboral, prácticamente no había necesidad de complicarse la vida no pagando salarios justos si se obtenía buenas utilidades.
Siempre he considerado que el principal problema para que sucediera la guerra fue la falta de comunicación, falto un mediador entre el rico y el trabajador para conciliar y llegar a un arreglo, pero lamentablemente nuestra clase política que fue la que hizo de mediador, siempre se ha caracterizado por ser ganguera. La guerra empezó en Aguilares en 1977, fue el primer pueblo que se alzó en armas contra el gobierno, en protesta por el asesinato del padre Rutilio Grande, fueron masacradas cientos de personas, cantones barridos a punta de metralla, muchos de mis compañeritos de sexto grado ya convertidos en adolescentes murieron en ese alzamiento armado, unos armados solo de ideas revolucionarias sembradas por los padres Alas, sacerdotes encargados de catequizar la mayoría del departamento de Chalatenango y norte de San Salvador.
Cuando tuve la oportunidad de volver al pueblo allá por el año de 1980, todo era diferente, la gente había sido humillada en base a intimidación, nadie hablaba de lo sucedido en el 77, el pueblo era gobernado por un sargento de la Guardia Nacional y la Defensa Civil, los gritos de justicia y libertad fueron ahogados en sangre el día que el pueblo fue conocido internacionalmente como “AGUILARES HEROICO.”
Un espacio donde expongo de una manera simple y precisa algunos momentos vividos de mi infancia y juventud. Mi manera de ver la vida, mis satisfacciones, mis tristezas y el mundo perfecto de acuerdo a mi visión.
viernes, 11 de noviembre de 2011
DOS MESES EN EL DEPARTAMENTO DE MORAZAN
En el año de mil novecientos noventa y dos, se firmo la paz entre el FMLN y el Gobierno de El Salvador, yo laboraba siempre en el departamento de prensa del Ministerio de Agricultura y Ganadería MAG, específicamente en la Dirección General de Sanidad Vegetal y Animal DGSVA, que no es otra cosa más que la Dirección General de Ganadería que a lo largo de muchos años ha cambiado y sigue cambiando de nombre aunque continúe haciendo la misma labor dentro del gobierno.
En este contexto las organizaciones de base del FMLN solicitaron al gobierno que se enviara a un especialista en nutrición animal a las zonas donde producto de la guerra, no habían sido atendidos los hatos ganaderos durante 12 años, estas zonas comprendían desde la cabecera departamental San Francisco Gótera hacia el norte, Jocoatique, Yoloaquin, Delicias de Concepción, San Simón, Arambala, Joateca, Perquin y la zona de los ex bolsones conocida como Nahuaterique y El Zancudo.
Para tal misión fue designado el Ing. Carlos Henriquez Navarrete, un antiguo hacendado en su niñez y juventud pero que por circunstancias de la guerra ahora estaba empleado como técnico de reproducción animal, es Ingeniero Agrónomo zootecnista con una maestría en Nutrición Animal en Maracay Venezuela. Yo fui designado para acompañarlo y documentar todas las acciones de desarrollo en el departamento de Morazán para publicarlas periódicamente.
El chele Henriquez como era conocido el Ingeniero, es un todo un personaje, cerca de 2 metros de altura y con peso cercano a las 300 lbs. No lo hacían pasar desapercibido, además por haber sido hacendado conocía muy bien el teje y maneje de una finca ganadera así como los principales problemas que aquejan a los ganaderos, a quienes sabia como hablarles y motivarlos de una manera que hacia lucir un conocimiento enorme de pedagogía.
Partimos de madrugada de San Salvador un día lunes de marzo rumbo a un departamento que nunca en mi vida había visitado, teníamos la misión de contactarnos con el técnico de enlace de Ganadería en Gótera agrónomo René Meléndez, él sería el responsable de organizar los ganaderos a los cuales nosotros llegábamos a dar las charlas, arribamos a Gótera tipo 9:00 de la mañana, lo primero que hicimos fue precisamente buscar al técnico enlace.
Desde el momento que hable con René noté cierta antipatía en sus respuestas, por lo que supuse que me esperaba un fuerte trabajo en la recopilación de la información que necesitaba para redactar mis informes. Cabe destacar un detalle que olvidaba mencionar acerca de mi, soy tartamudo desde mi niñez, lo cual fui mejorando a medida avanzaba en edad pero que siempre es perceptible en menor grado, desde niño me fui acostumbrando a que las personas se mofaban de mi peculiar forma de hablar, lamentablemente en El Salvador es rarísimo esta patología y las personas tienden a burlarse de lo que no entienden o no es normal, el caso es que yo percibí que René me estaba remedando, al rato de estar planificando las visitas salimos rumbo a Arambala donde nos esperaba un grupo de ganaderos. La belleza del departamento de Morazán en la zona norte es impresionante, al pasar el Rio Torola, límite militar con la extinta guerrilla, se notaba la no presencia del hombre en la zona, extensos bosques de pinos nos daban la bienvenida con su respectivo microclima y abundante fauna, hay cerca de 42 kilómetros para llegar a Arambala desde San Francisco Gótera, recorrido que se hacía en ese año en alrededor de 2 horas por el estado de las carreteras las cuales habían estado abandonadas de mantenimiento durante el conflicto armado. René nuestro enlace, nos contaba anécdotas de la guerra durante el trayecto, lo que hacía aún más agradable el viaje, excepto por supuesto, que seguía tomándome el pelo remedando mi manera de hablar.
Llegamos a Arambala al filo del mediodía, nos esperaba un grupo cerca de 40 ganaderos, dimos manos a la obra con el chele Henríquez, yo hice mi trabajo de recabar información con los presentes y tome algunas fotografías para acompañar mis informes. A la hora que le tocó a Rene dirigirse a los presentes note que seguía tartamudeando lo que me pareció era el colmo, en ningún momento pensé que a lo mejor él era normal, pues en toda mi vida nunca había encontrado a alguien con mi mismo problema.
La capacitación duro cerca de 2 horas, luego de las cuales emprendimos el camino de regreso a San Francisco Gótera, decidimos que almorzaríamos en Gotera pues no existía en la época infraestructura hotelera en la zona mucho menos restaurantes, bajamos de la montaña cerca de las 4 de la tarde, René nos recomendó un restaurante de un chef nativo de Morazán que había huido de la guerra hacia Canadá y que ya en tiempos de paz había decidido volver y había instalado su negocio en el centro del pueblo con especialidad en asados. Ya instalados pedimos un par de cervezas para hidratarnos del largo camino de regreso de Arambala, a todo esto yo estaba un poco “caliente” de la experiencia de haber tenido que soportar la indiferencia y el irrespeto de Rene durante todo el viaje. Cuando ya estábamos en la tercera ronda de cervezas fue inevitable sacar el tema de la conversación, René me pregunto: ¿ChuChusito y usted es tartamudo? El chele Henriquez se quedo paralizado con la pregunta, A lo que respondí positivamente un poco serio, él entonces bien alegre me respondió: yoyo también!!!
Los tres no parábamos de reír al darnos cuenta del mal entendido que nos mantuvo incómodos todo el día. Al cabo de los meses en que me toco estar en el departamento de Morazán, llegamos a entablar una estrecha amistad con René y aprovecho cada oportunidad que estoy cerca del departamento para visitarlo y volver a reírnos de cuando nos conocimos.
En este contexto las organizaciones de base del FMLN solicitaron al gobierno que se enviara a un especialista en nutrición animal a las zonas donde producto de la guerra, no habían sido atendidos los hatos ganaderos durante 12 años, estas zonas comprendían desde la cabecera departamental San Francisco Gótera hacia el norte, Jocoatique, Yoloaquin, Delicias de Concepción, San Simón, Arambala, Joateca, Perquin y la zona de los ex bolsones conocida como Nahuaterique y El Zancudo.
Para tal misión fue designado el Ing. Carlos Henriquez Navarrete, un antiguo hacendado en su niñez y juventud pero que por circunstancias de la guerra ahora estaba empleado como técnico de reproducción animal, es Ingeniero Agrónomo zootecnista con una maestría en Nutrición Animal en Maracay Venezuela. Yo fui designado para acompañarlo y documentar todas las acciones de desarrollo en el departamento de Morazán para publicarlas periódicamente.
El chele Henriquez como era conocido el Ingeniero, es un todo un personaje, cerca de 2 metros de altura y con peso cercano a las 300 lbs. No lo hacían pasar desapercibido, además por haber sido hacendado conocía muy bien el teje y maneje de una finca ganadera así como los principales problemas que aquejan a los ganaderos, a quienes sabia como hablarles y motivarlos de una manera que hacia lucir un conocimiento enorme de pedagogía.
Partimos de madrugada de San Salvador un día lunes de marzo rumbo a un departamento que nunca en mi vida había visitado, teníamos la misión de contactarnos con el técnico de enlace de Ganadería en Gótera agrónomo René Meléndez, él sería el responsable de organizar los ganaderos a los cuales nosotros llegábamos a dar las charlas, arribamos a Gótera tipo 9:00 de la mañana, lo primero que hicimos fue precisamente buscar al técnico enlace.
Desde el momento que hable con René noté cierta antipatía en sus respuestas, por lo que supuse que me esperaba un fuerte trabajo en la recopilación de la información que necesitaba para redactar mis informes. Cabe destacar un detalle que olvidaba mencionar acerca de mi, soy tartamudo desde mi niñez, lo cual fui mejorando a medida avanzaba en edad pero que siempre es perceptible en menor grado, desde niño me fui acostumbrando a que las personas se mofaban de mi peculiar forma de hablar, lamentablemente en El Salvador es rarísimo esta patología y las personas tienden a burlarse de lo que no entienden o no es normal, el caso es que yo percibí que René me estaba remedando, al rato de estar planificando las visitas salimos rumbo a Arambala donde nos esperaba un grupo de ganaderos. La belleza del departamento de Morazán en la zona norte es impresionante, al pasar el Rio Torola, límite militar con la extinta guerrilla, se notaba la no presencia del hombre en la zona, extensos bosques de pinos nos daban la bienvenida con su respectivo microclima y abundante fauna, hay cerca de 42 kilómetros para llegar a Arambala desde San Francisco Gótera, recorrido que se hacía en ese año en alrededor de 2 horas por el estado de las carreteras las cuales habían estado abandonadas de mantenimiento durante el conflicto armado. René nuestro enlace, nos contaba anécdotas de la guerra durante el trayecto, lo que hacía aún más agradable el viaje, excepto por supuesto, que seguía tomándome el pelo remedando mi manera de hablar.
Llegamos a Arambala al filo del mediodía, nos esperaba un grupo cerca de 40 ganaderos, dimos manos a la obra con el chele Henríquez, yo hice mi trabajo de recabar información con los presentes y tome algunas fotografías para acompañar mis informes. A la hora que le tocó a Rene dirigirse a los presentes note que seguía tartamudeando lo que me pareció era el colmo, en ningún momento pensé que a lo mejor él era normal, pues en toda mi vida nunca había encontrado a alguien con mi mismo problema.
La capacitación duro cerca de 2 horas, luego de las cuales emprendimos el camino de regreso a San Francisco Gótera, decidimos que almorzaríamos en Gotera pues no existía en la época infraestructura hotelera en la zona mucho menos restaurantes, bajamos de la montaña cerca de las 4 de la tarde, René nos recomendó un restaurante de un chef nativo de Morazán que había huido de la guerra hacia Canadá y que ya en tiempos de paz había decidido volver y había instalado su negocio en el centro del pueblo con especialidad en asados. Ya instalados pedimos un par de cervezas para hidratarnos del largo camino de regreso de Arambala, a todo esto yo estaba un poco “caliente” de la experiencia de haber tenido que soportar la indiferencia y el irrespeto de Rene durante todo el viaje. Cuando ya estábamos en la tercera ronda de cervezas fue inevitable sacar el tema de la conversación, René me pregunto: ¿ChuChusito y usted es tartamudo? El chele Henriquez se quedo paralizado con la pregunta, A lo que respondí positivamente un poco serio, él entonces bien alegre me respondió: yoyo también!!!
Los tres no parábamos de reír al darnos cuenta del mal entendido que nos mantuvo incómodos todo el día. Al cabo de los meses en que me toco estar en el departamento de Morazán, llegamos a entablar una estrecha amistad con René y aprovecho cada oportunidad que estoy cerca del departamento para visitarlo y volver a reírnos de cuando nos conocimos.
lunes, 7 de noviembre de 2011
CAMINO AL EXILIO
Corría el año de mil novecientos setenta y ocho cuando tuve la oportunidad de conocer a parte de la familia de mi madre en la acera del Instituto Latinoamericano, lugar donde estudiaba mi segundo año de bachillerato, contaba con diecisiete años.
El Salvador vivía una de las épocas más duras de su historia, estábamos inmersos en el periodo de formación de organizaciones populares que exigían mejores condiciones de vida, tierra para todos y otras reivindicaciones laborales que nos llevaron posteriormente a 12 años de guerra civil donde murieron cerca de 70.000 personas, producto de la represión de los gobiernos militares de la época.
En esa época conflictiva que pasó El Salvador, era poco común que alguien diera razón de alguna persona que anduvieran preguntando por ella, pues casi siempre las buscaban para desaparecerlas. Fue así como nadie dijo conocerme cuando dos de mis tías, hermanas de mi madre habían madrugado a las afueras del Instituto a preguntar “si conocían a Jesús Henríquez”, al llegar yo a la entrada principal me hicieron la pregunta sin saber que le estaban preguntando al mismo que viste y calza. Me quede impávido pues no sabía que responder, aunque no andaba en nada que me comprometiera no deje de acordarme de los innumerables casos de jóvenes asesinados que no tenían nada que ver en el conflicto que vivíamos.
Recién había vuelto de Aguilares, donde había terminado mi sexto grado en la Escuela Joaquín Rodezno en el turno de la tarde, tres años después seguí las impactantes noticias del asesinato del sacerdote jesuita Rutilio Grande a manos de escuadrones de la muerte, hecho que convulsiono la zona de esta villa ubicada a 33 kilómetros de San Salvador, muchos de mis compañeros de sexto grado murieron en la insurrección de Aguilares, que fue el primer pueblo de la nación que tomo las armas en represalias por el asesinato de este líder religioso.
Por esa razón la muerte no era nada extraña para mí, la entendía perfectamente, ante la pregunta de mis tías, no me quedo más que responder simplemente “para que lo buscan”.
Ante mi respuesta poco ingenua que hubiera significado mi desaparición si la hubiera hecho a las personas indicadas, ellas me explicaron que era hijo de una de sus hermanas y que andaban buscándolo para conocerlo y poder llevarlo donde ella para que ambos también se conocieran.
Deje escapar de mi cerrada garganta un “yo soy” , mi mente quedo en blanco, no encontraba palabras para romper el hielo, las dos señoras no dejaban de abrazarme entre sollozos, la última vez que ellas me habían visto yo tenía quizá seis años, era la realización de un sueño que yo había tejido en los últimos años: conocer a la autora de mis días!! Ese día ahora estaba más cerca que nunca.
Quedamos de vernos dos días después, un día viernes recuerdo para ir hacia mejicanos donde mis abuelos maternos vivían y donde me reuniría con mi madre y mis hermanos.
El momento de a mi madre llego a la hora indicada, para ello no entre al colegio, espere a mis tias cerca y luego de reunirnos partimos hacia Mejicanos, la dirección Final 2ª. Avenida Norte No. 32B mejicanos, límite entre San Salvador y el mencionado municipio.
Llegamos, todo fue alegría, llanto, me presentaron al resto de mis parientes, mis hermanos, siempre había querido tener cerca a una hermana me di cuenta que tenía una, Cecibel, la química con mi nueva hermana fue de inmediato. Cecibel era una especie de madre sustituta de mi hermano Jeremías, el menor de mis hermanos, que en esa época tenía cerca de seis años; en la casa de mejicanos, además de mis abuelos Vivian mis tías Ruth con su hija Paty, Flor con sus hijas Guadalupe y Maira. Mi madre vivía con su pareja en San Marcos, en mi mundo soñador de 16 años pensaba que al conocer a mi madre los problemas que me aquejaban habían terminado, lo primero que pensé es que lo normal era que tenía que dejar la casa de mi padre para irme donde siempre había soñado vivir, al lado de mi madre. Inconscientemente empecé a volverme rebelde en casa, el hecho de haber conocido a mi familia me hacía sentir que tenía quien me apoyara.
No podía dar explicaciones de unos zapatos deportivos de marca que había comprado con un dinero que mi abuelo me regalo para que comprara un reloj, consideraba que ya tenía edad para no dar explicaciones a nadie, dije que me los habían dado en el colegio ya que era miembro del equipo de atletismo en la rama de lanzamiento de bala y jabalina.
En esta época me mantenía fuertemente ocupado en los deportes, pasaba todo el día fuera de casa desde la mañana que asistía a clases, luego me dirigía al Circulo Estudiantil donde pasaba toda la tarde entrenando Polo Acuático, otros días en el Estadio Flor Blanca donde entrenaba para el equipo de Atletismo. Tenía una novia llamada Jeannette Mendoza que vivía en Ilopango, la que siempre se quejaba que no visitaba mucho por mis múltiples ocupaciones, esto me obligaba a que la visitara de noche llegando en el ultimo bus que salía a las 10pm. Ilopango no queda muy lejos de la Colonia Santa Lucia que era donde vivía con mis papá, en bus no tarda ni quince minutos, el problema era que en época de guerra, cerca de la base de la Fuerza Aérea objetivo militar indiscutible, no era del todo recomendado que un joven de mi edad anduviera a esa hora en la calle. Los problemas no se hicieron esperar y de repente me vi enfrentado a mi papá en discusiones que porque llegaba tan noche y que andaba haciendo; particularmente nunca tuve confianza con mi padre de tocar temas de noviazgos mucho menos de contarle que había conocido a mi madre, eran temas que nunca me atreví a contarle. Muchos problemas me hubiera ahorrado de no haber descuidado este detalle.
El caso es que en las visitas donde Jeannette siempre me dejaba el último bus y me tocaba llegar a casa a pie, lo que tardaba cerca de media hora llegar hasta mi casa, quien se quiere separar de una compañía tan placentera como el de un noviazgo a los 16 años!
Como siempre, llegue tarde a mi casa, pasadas las 10:30 lo que enfureció a mi padre y me sentencio que si llegaba nuevamente a esa hora no tendría más remedio que botarme de la casa
Por circunstancias que no vale la pena dar a conocer, yo me encontraba en casa en una situación que estorbaba a ciertos intereses personales no precisamente de mi padre, lo que la sentencia recibida de que no llegará tarde era el complemento perfecto para sacarme de la casa de una manera maquillada.
Caí en la trampa como adolescente que era, no pasaron ni dos semanas cuando ya estaba en la misma situación con mi padre, esa vez había llegado a las 11pm creyendo que mi viejo haría horas extras en su trabajo y que llegaría pasada la medianoche. Me recibió en la entrada de la casa y pregunto en que habíamos quedado a lo que respondí que no había problema que solo me dejara sacar mis cosas. Saque el coraje de la rebeldía adolescente, cuantas veces había querido decir que no me sentía bien en esa casa y que anhelaba la idea de irme, había llegado el momento, ya conocía a mi madre y mi panorama era diferente, no titubeé ni un solo instante, entre a la casa y saque mis pertenecías ante el llanto de mis hermanos y ya afuera mi padre pronunció una sentencia que quedo grabada en mi mente y que fue la clave para buscar el éxito: “fuera de esta casa no serás nadie” palabras que hasta la fecha me sirven de inspiración.
Era una noche de verano, no recuerdo la fecha, pero habían una serie de circunstancias agravantes que hicieron mi partida un poco complicada, el sindicato de empleados de CEL, la empresa que distribuía la energía eléctrica del país estaba en huelga, precisamente esa noche habían tomado acciones de hecho para presionar al gobierno a dialogar para conquistar sus demandas laborales, habían quitado la energía eléctrica en la capital, a oscuras Salí de mi casa a buscar refugio donde la familia Mendez a cuatro casas de mi casa quienes no dudaron en albergarme.
Tenía muchos pensamientos en mi cabeza pero me sentía bien de lo que había hecho, ni siquiera el inmenso amor que sentía por Jeannette Mendoza a quien no volví a ver hasta cuatro años después me hizo recapacitar mi decisión.
El Salvador vivía una de las épocas más duras de su historia, estábamos inmersos en el periodo de formación de organizaciones populares que exigían mejores condiciones de vida, tierra para todos y otras reivindicaciones laborales que nos llevaron posteriormente a 12 años de guerra civil donde murieron cerca de 70.000 personas, producto de la represión de los gobiernos militares de la época.
En esa época conflictiva que pasó El Salvador, era poco común que alguien diera razón de alguna persona que anduvieran preguntando por ella, pues casi siempre las buscaban para desaparecerlas. Fue así como nadie dijo conocerme cuando dos de mis tías, hermanas de mi madre habían madrugado a las afueras del Instituto a preguntar “si conocían a Jesús Henríquez”, al llegar yo a la entrada principal me hicieron la pregunta sin saber que le estaban preguntando al mismo que viste y calza. Me quede impávido pues no sabía que responder, aunque no andaba en nada que me comprometiera no deje de acordarme de los innumerables casos de jóvenes asesinados que no tenían nada que ver en el conflicto que vivíamos.
Recién había vuelto de Aguilares, donde había terminado mi sexto grado en la Escuela Joaquín Rodezno en el turno de la tarde, tres años después seguí las impactantes noticias del asesinato del sacerdote jesuita Rutilio Grande a manos de escuadrones de la muerte, hecho que convulsiono la zona de esta villa ubicada a 33 kilómetros de San Salvador, muchos de mis compañeros de sexto grado murieron en la insurrección de Aguilares, que fue el primer pueblo de la nación que tomo las armas en represalias por el asesinato de este líder religioso.
Por esa razón la muerte no era nada extraña para mí, la entendía perfectamente, ante la pregunta de mis tías, no me quedo más que responder simplemente “para que lo buscan”.
Ante mi respuesta poco ingenua que hubiera significado mi desaparición si la hubiera hecho a las personas indicadas, ellas me explicaron que era hijo de una de sus hermanas y que andaban buscándolo para conocerlo y poder llevarlo donde ella para que ambos también se conocieran.
Deje escapar de mi cerrada garganta un “yo soy” , mi mente quedo en blanco, no encontraba palabras para romper el hielo, las dos señoras no dejaban de abrazarme entre sollozos, la última vez que ellas me habían visto yo tenía quizá seis años, era la realización de un sueño que yo había tejido en los últimos años: conocer a la autora de mis días!! Ese día ahora estaba más cerca que nunca.
Quedamos de vernos dos días después, un día viernes recuerdo para ir hacia mejicanos donde mis abuelos maternos vivían y donde me reuniría con mi madre y mis hermanos.
El momento de a mi madre llego a la hora indicada, para ello no entre al colegio, espere a mis tias cerca y luego de reunirnos partimos hacia Mejicanos, la dirección Final 2ª. Avenida Norte No. 32B mejicanos, límite entre San Salvador y el mencionado municipio.
Llegamos, todo fue alegría, llanto, me presentaron al resto de mis parientes, mis hermanos, siempre había querido tener cerca a una hermana me di cuenta que tenía una, Cecibel, la química con mi nueva hermana fue de inmediato. Cecibel era una especie de madre sustituta de mi hermano Jeremías, el menor de mis hermanos, que en esa época tenía cerca de seis años; en la casa de mejicanos, además de mis abuelos Vivian mis tías Ruth con su hija Paty, Flor con sus hijas Guadalupe y Maira. Mi madre vivía con su pareja en San Marcos, en mi mundo soñador de 16 años pensaba que al conocer a mi madre los problemas que me aquejaban habían terminado, lo primero que pensé es que lo normal era que tenía que dejar la casa de mi padre para irme donde siempre había soñado vivir, al lado de mi madre. Inconscientemente empecé a volverme rebelde en casa, el hecho de haber conocido a mi familia me hacía sentir que tenía quien me apoyara.
No podía dar explicaciones de unos zapatos deportivos de marca que había comprado con un dinero que mi abuelo me regalo para que comprara un reloj, consideraba que ya tenía edad para no dar explicaciones a nadie, dije que me los habían dado en el colegio ya que era miembro del equipo de atletismo en la rama de lanzamiento de bala y jabalina.
En esta época me mantenía fuertemente ocupado en los deportes, pasaba todo el día fuera de casa desde la mañana que asistía a clases, luego me dirigía al Circulo Estudiantil donde pasaba toda la tarde entrenando Polo Acuático, otros días en el Estadio Flor Blanca donde entrenaba para el equipo de Atletismo. Tenía una novia llamada Jeannette Mendoza que vivía en Ilopango, la que siempre se quejaba que no visitaba mucho por mis múltiples ocupaciones, esto me obligaba a que la visitara de noche llegando en el ultimo bus que salía a las 10pm. Ilopango no queda muy lejos de la Colonia Santa Lucia que era donde vivía con mis papá, en bus no tarda ni quince minutos, el problema era que en época de guerra, cerca de la base de la Fuerza Aérea objetivo militar indiscutible, no era del todo recomendado que un joven de mi edad anduviera a esa hora en la calle. Los problemas no se hicieron esperar y de repente me vi enfrentado a mi papá en discusiones que porque llegaba tan noche y que andaba haciendo; particularmente nunca tuve confianza con mi padre de tocar temas de noviazgos mucho menos de contarle que había conocido a mi madre, eran temas que nunca me atreví a contarle. Muchos problemas me hubiera ahorrado de no haber descuidado este detalle.
El caso es que en las visitas donde Jeannette siempre me dejaba el último bus y me tocaba llegar a casa a pie, lo que tardaba cerca de media hora llegar hasta mi casa, quien se quiere separar de una compañía tan placentera como el de un noviazgo a los 16 años!
Como siempre, llegue tarde a mi casa, pasadas las 10:30 lo que enfureció a mi padre y me sentencio que si llegaba nuevamente a esa hora no tendría más remedio que botarme de la casa
Por circunstancias que no vale la pena dar a conocer, yo me encontraba en casa en una situación que estorbaba a ciertos intereses personales no precisamente de mi padre, lo que la sentencia recibida de que no llegará tarde era el complemento perfecto para sacarme de la casa de una manera maquillada.
Caí en la trampa como adolescente que era, no pasaron ni dos semanas cuando ya estaba en la misma situación con mi padre, esa vez había llegado a las 11pm creyendo que mi viejo haría horas extras en su trabajo y que llegaría pasada la medianoche. Me recibió en la entrada de la casa y pregunto en que habíamos quedado a lo que respondí que no había problema que solo me dejara sacar mis cosas. Saque el coraje de la rebeldía adolescente, cuantas veces había querido decir que no me sentía bien en esa casa y que anhelaba la idea de irme, había llegado el momento, ya conocía a mi madre y mi panorama era diferente, no titubeé ni un solo instante, entre a la casa y saque mis pertenecías ante el llanto de mis hermanos y ya afuera mi padre pronunció una sentencia que quedo grabada en mi mente y que fue la clave para buscar el éxito: “fuera de esta casa no serás nadie” palabras que hasta la fecha me sirven de inspiración.
Era una noche de verano, no recuerdo la fecha, pero habían una serie de circunstancias agravantes que hicieron mi partida un poco complicada, el sindicato de empleados de CEL, la empresa que distribuía la energía eléctrica del país estaba en huelga, precisamente esa noche habían tomado acciones de hecho para presionar al gobierno a dialogar para conquistar sus demandas laborales, habían quitado la energía eléctrica en la capital, a oscuras Salí de mi casa a buscar refugio donde la familia Mendez a cuatro casas de mi casa quienes no dudaron en albergarme.
Tenía muchos pensamientos en mi cabeza pero me sentía bien de lo que había hecho, ni siquiera el inmenso amor que sentía por Jeannette Mendoza a quien no volví a ver hasta cuatro años después me hizo recapacitar mi decisión.
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