La segunda oportunidad que tuve de conocer la ciudad de Aguilares en el departamento de San Salvador, fue en el año de mil novecientos setenta y cuatro, apenas con trece años de edad iba a ser testigo del nacimiento de un movimiento insurreccional en mi país, cuya cuna fue precisamente la ciudad de Aguilares. Esta ciudad ubicada a 33 Km de San Salvador, desde tiempos remotos es una ciudad de comercio, aún a la fecha, existe el pensamiento que si un comerciante quiere prosperar debe estar en la plaza de Aguilares, después solo es cuestión de tiempo para ver los resultados. Vivía con Tía Noemí en el cantón San Jerónimo, en el Km 30, en una finca de trece manzanas cultivadas en su mayoría de caña, de ahí salía todas las mediodías a la Escuela Modesto Barrios de Aguilares donde cursaba el 6to. Grado, está ubicada esquina opuesta a la Gasolinera Texaco que en esa época pertenecía a Tía Noemí, por tal razón no me dificultaba cuando tenía hambre en mis tardes de estudiante, pedirle alguna merienda desde el patio de la Escuela.
El Salvador vivía para la época sumido en una tensión de justicia social, ya se había olvidado el nacionalismo de la guerra de las cien horas con Honduras en 1969, que logró que toda la atención de los problemas nacionales se volcara hacia el problema limítrofe con la hermana república. Ya existían algunas organizaciones sindicales que luchaban por sus reivindicaciones laborales, se empezaba a engendrar el movimiento revolucionario que nos llevó a la guerra fratricida de doce años que nos toco vivir. Se respiraba en el aire, recuerdo que en cierta ocasión asistí a la escuela con una pelota de football de cuero, de las que vendían en el mercado Ex cuartel, mis compañeros prácticamente me la quitaron y la estrellaron contra los alambrados para pincharla, casi todos mis compañeros tenían que trabajar y estudiar, les habían envenenado el alma con pensamientos de la teoría de la liberación y esas bobadas de moda en los 70´s. Si bien es cierto que existían muchas injusticias sociales en la época, nunca estuve de acuerdo que la manera de cambiar la sociedad era por la fuerza, pronto me di cuenta que estaba en el lugar y momento equivocado.
Sin embargo la vida transcurría con cierta normalidad en la entonces Villa de Aguilares, había bastante movimiento comercial, en la zona existían 2 ingenios que generaban empleo a la mayoría de los habitantes, el Ingenio La Cabaña cuyos propietarios la Familia De Sola, proporcionaba casas de habitación y prestaciones adicionales a la ley a sus colonos; el otro Ingenio San Francisco cuyo dueño era un inmigrante alemán Kurt Nottebohm (QDDG) también era mencionado por su don de gente para tratar a sus empleados. Los abusos quizá se daban en otros sectores del engranaje económico, como en el cultivo del café, caña de azúcar etc. Considero ahora que soy empresario que en esa época era muy lucrativo dedicarse a cualquier actividad comercial y dar lo que correspondía al sector laboral, prácticamente no había necesidad de complicarse la vida no pagando salarios justos si se obtenía buenas utilidades.
Siempre he considerado que el principal problema para que sucediera la guerra fue la falta de comunicación, falto un mediador entre el rico y el trabajador para conciliar y llegar a un arreglo, pero lamentablemente nuestra clase política que fue la que hizo de mediador, siempre se ha caracterizado por ser ganguera. La guerra empezó en Aguilares en 1977, fue el primer pueblo que se alzó en armas contra el gobierno, en protesta por el asesinato del padre Rutilio Grande, fueron masacradas cientos de personas, cantones barridos a punta de metralla, muchos de mis compañeritos de sexto grado ya convertidos en adolescentes murieron en ese alzamiento armado, unos armados solo de ideas revolucionarias sembradas por los padres Alas, sacerdotes encargados de catequizar la mayoría del departamento de Chalatenango y norte de San Salvador.
Cuando tuve la oportunidad de volver al pueblo allá por el año de 1980, todo era diferente, la gente había sido humillada en base a intimidación, nadie hablaba de lo sucedido en el 77, el pueblo era gobernado por un sargento de la Guardia Nacional y la Defensa Civil, los gritos de justicia y libertad fueron ahogados en sangre el día que el pueblo fue conocido internacionalmente como “AGUILARES HEROICO.”
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